Lo bueno , lo malo y lo peor del cine de los ochenta.
Presentación
"Cine de los 80" es un proyecto que surge de alguien que se ha criado con un buen puñado de películas de esta década. Como reza el título, en este blog recogeré lo bueno, lo malo y lo peor que han dado esos años. No haré ascos a casi ningún género, ni discriminaré por razón de nacionalidad o calidad de las películas; simplemente escribiré sobre películas y otros temas relacionados con el cine de los ochenta que considere interesantes.
ADVERTENCIA AL LECTOR: Aquí no se escribe crítica cinematográfica ni se pretende sentar cátedra. Las reseñas son altamente subjetivas y el único objetivo de este blog es aprender y disfrutar con el cine y, por supuesto, con vuestros comentarios.
Dan Gillis, el sherif del pueblo costero Potter´s Bluff,
investiga una sucesión de asesinatos a cada cual más bizarro que comparten
denominador común: todas las víctimas son forasteras.
¡Qué desperdicio! Pensaba según avanzaba “Muertos y
enterrados”. Pero, ¡qué despropósito! Concluían mis pensamientos según se
resolvía hasta dar con un final completamente irrisorio. Y es que si bien el
inicio es prometedor, la cosa va perdiendo fuelle hasta quedar como un globo
pinchado. ¿La culpa? Un guión que si hubiese recibido un tratamiento de comedia
negra – de hecho esa fue la intención original – hubiese dado un resultado
meritorio, pero que al intentar ser una película de terror al uso decir que da vergüenza
ajena es poco.
La cosa, como ya he dicho, comienza bastante bien, con una
historia que atrapa con su suspense y que con una sucia ambientación (como
sucia es la fotografía) potencia el elemento bizarro cristalizando en una gran atmósfera. Además, el aire retro
setentero le da un toque todavía más macabro. Y es que la trama de unos vecinos
que se cargan a todo osado visitante con la consecuente investigación policial
para clarificar tan horrendos crímenes, no puede menos que clavar al espectador
en su butaca e inocular a éste con el intríngulis necesario para no moverse
hasta desvelar el quid de la cuestión. Pero no, lo prometedor da paso a lo
chabacano y lo intrigante al desinterés por una historia que ya te da igual
como termine y de la que lo único que esperas es que finalice como ha
transcurrido; con más pena que gloria.
Es una pena porque el tema, a priori, ofrecía muchas
posibilidades, y el final podía haber sido antológico; del estilo de – esta sí
película de culto – “El hombre de mimbre” (1973). Pero Gary Sherman
(Poltergeist III) desaprovecha completamente lo que la historia podía haber
dado de sí y es a partir de su mitad cuando el desfase es brutal y el resultado
delirante. Son demasiados los peros que hay que pasar por alto en su
desarrollo, demasiadas lagunas argumentales y demasiada la voluntad para hacer
creíble muchas de las secuencias (y esto lo digo aceptando de lleno su
planteamiento de película de terror “sobrenatural”, no criticándolo). La credibilidad,
en definitiva, es nula; zombis asesinos que aparecen de la nada, transiciones
físicas hacia la decrepitud sin progresión, crímenes chapuceros (el del hospital es absurdo a más no poder por su resolución ), arbitrariedad en cuanto al uso de
las normas que caracterizan a los muertos vivientes, tramposa hasta la extenuación
en las relaciones de sus protagonistas… Poco más puedo decir sin desvelar al lector el núcleo
de la historia.
La verdad que no me explico por qué esta película es
considerada “de culto” (tanto en su clasificación por género en webs
especializadas como por algunos de los comentarios que se leer por la red). La
fantasía, dentro de su propia concepción, tiene unas normas que no pueden (no
deben) saltarse a la torera, y si se hace – si no se trata de una parodia –
restará muchos puntos en cuanto al resultado de la obra. Y , en efecto, así sucede en “Muertos y
enterrados”, pese a sus buenos momentos (que también los tiene) decepciona para convertirse en un quiero y no puedo.
Especial dedicado a los policías más representativos de los
años ochenta. En esta primera parte (El llanero solitario) mostraré aquellos
iconos que destacan precisamente por encarnar el paradigma de héroe; aquel que
no necesita a nadie más que a sí mismo para luchar contra los malotes. En la
segunda (Mejor sólo que mal acompañado) me centraré en las parejas de policías que han conformado el subgénero conocido como “buddy movies” o “buddy films”,
y haré también referencia a algún grupo de policías (como los integrantes de “Loca
academia de policía” o “Los intocables de Eliot Ness”). Por último, en la
tercera y última parte (Nunca hables con extraños), hablaré de personajes no tan conocidos y haré un repaso
de algunas de las películas policíacas que por no ser comerciales pueden haber
pasado desapercibidas para los seguidores de la década.
El llanero solitario
Bastante tienen con ellos mismos como para
aguantar a compañeros …
Rick Deckard
Deckard
pertenece a un cuerpo especial de la policía de Los Angeles, los Blade Runners.
Su misión: "retirar" replicantes. Total, ellos sólo son androides y
el humano, ¿o no?
Películas:Blade Runner (1982)
Interpretado
por Harrison Ford
Harry Callahan
Mundialmente
conocido como Harry el sucio, Callahan es el policía más duro del Departamento
de San Francisco. Armado con su Magnum 44 , Clint Eastwood construiría un icono
copiado hasta la saciedad. ¿Adivináis de donde procede el modelo de policía
rudo, rebelde con sus superiores, y que da caza al quinqui a golpe de frases
tan irónicas como lapidarias? Anda, alegradme el día.
Películas:
Harry el fuerte (1973), Harry el ejecutor
(1976), Impacto súbito (1983), La lista negra (1998)
Interpretado por Clint Eastwood
Alex Foley
Eddie
Murphy da vida a este cachondo policía en una trilogía que supuso una explosiva
mezcla de acción y humor. ¡Cómo molan las piscinas!
Películas: Superdetective en Hollywood (1984), Superdetective
en Hollywood II (1987), Superdetective en Hollywood III (1994)
Interpretado por Eddie Murphy
Marion Cobretti
Cobra
para los amigos, muerte lenta y dolorosa para los enemigos. El madero loco que
mastica cerillas y desayuna trozos de pizza batidos. Sylvester Stallone mereció
un Oscar ( injustamente no otorgado) por su interpretación del exterminador de criminales (¿o acaso el
crimen no era una plaga?). Por cierto, ¿sabías que originalmente él iba a
encarnar a Alex Foley en Superdetective en Hollywood? ¿Espeluznante, verdad?
Mitad
hombre, mitad máquina. Murphy, un policía casado y padre de un hijo, despierta
después de un brutal tiroteo convertido en un robot al servicio de la OCP.
Películas:
Robocop (1987), Robocop II (1990),
Robocop III (1993)
Interpretado por Peter
Weller
John McClane
¡Redios!
Éste sí que es un sufridor. Siempre en el momento menos oportuno y en el lugar
menos indicado. Terminará sus peripecias cortado, golpeado,
disparado, apaleado, machacado , insultado, humillado ... siempre por obra y
gracia de algún supervillano al que, finalmente, dará su
merecido. Habemus quinta parte. ¡Yippee-ki-yay!
Películas:La jungla de cristal (1988), La
jungla de cristal II (1990), La jungla de cristal III: La venganza (1995), La
jungla de cristal IV (2007)
Interpretado
por Bruce Willis
Frank Drebin
El miembro más destacado de la brigada policial. Astuto,
inteligente, ágil y muy capaz… de provocar las más disparatadas situaciones sin
mucho esfuerzo.
Películas: Agárralo
como puedas (1988), Agárralo como puedas 2 y ½ (1991), Agárralo como puedas 33
y 1/3. El insulto final (1994)
Interpretado por
Leslie Nielsen
Nick Conklin
Mejor conocido por ser el policía que junto Charlie Vincent (Andy García) se
enfrentará a los Yakuza en la lluviosa tierra del sol naciente. En principio puede parecer una "buddy movie", pero cuando el compañero estira la pata la cosa se convierte en cuestión de venganza.
Daniel Larusso se muda con su madre a California. Allí se enamorará de Ali y será víctima de los recurrentes ataques de los Cobra Kai, un grupo de karatecas instruidos por el sensei Kreese. Su vecino, el señor Miyagi, lo ayudará y le enseñará el verdadero significado del Karate.
Hay películas que se erigen sobre sus deficiencias para
convertirse en auténticos emblemas de toda una generación. Karate Kid es, sin
duda alguna, uno de esos casos. Así, una historia simple plagada de personajes acartonados
no sólo repitió éxito con varias secuelas sino que ha dado lugar a una fórmula
que se ha repetido una y otra vez hasta la saciedad en multitud de productos
que cuentan lo mismo con distintos personajes; la historia de la superación
personal y de que todo es posible a fuerza de voluntad. No es por tanto
casualidad que el director John G. Avildsen fuese el mismo que dirigió otra
fórmula de éxito como Rocky (1976)- ganado además el Oscar a mejor director-
cuyos parecidos con la película que nos ocupa son más que evidentes.
Por supuesto que me sería muy fácil, desde el prisma actual,
hacer un comentario sardónico que pusiese a parir Karate Kid ensañándome con
todos y cada uno de los tópicos que destila. Sí, pero no lo voy a hacer. Y no
lo voy a hacer porque en primer lugar la valoro como una película sin
pretensiones dirigida al público juvenil que marcó, pese a quien le pese, una
época. En segundo lugar, porque pese a sus carencias, también tiene grandes
virtudes como demuestra el hecho de que haya logrado conectar con tanta gente a
lo largo y ancho de nuestro mundo. Y no lo voy a hacer , en tercer lugar,
porque Karate Kid me gusta y ,por supuesto, porque fue una de las Películas
(así en mayúsculas) de mi infancia.
Como decía al principio, Karate Kid dio con una fórmula que
fue repetida a diestro y siniestro - sobre todo en la categoría de películas de
artes marciales, aunque no exclusivamente – pero que nunca alcanzaría las cotas
míticas de la original; ni el remake del 2010, por mucha mejora en las
coreografías y Jackie Chan por medio, ni por supuesto, el descarado remake,
aunque no reconocido , “Rompiendo las reglas” (2008, Jeff Wadlow) lograrán
evitar las comparaciones despectivas – en el caso de “Rompiendo las reglas” la
situará al nivel de “Ciudadano Kane”-.
¿Y cuales son los elementos que le han dado ese toque tan
especial? A mi juicio son varios. El protagonista, Danny Larusso ( Ralph Macchio) representaba
un personaje con el que resultaba muy fácil empatizar; un chaval perdido,
desastre y un poco gilipollas (quién no lo era a esa edad) , que además tiene
problemas en el instituto, define muy bien a la mayoría de una juventud
completamente alejada de los cánones expuestos en la ya nombrada “Rompiendo las
reglas”. El personaje del señor Miyagi (Pat Morita) creó un auténtico icono de
la cultura popular; por supuesto, los malévolos Cobra Kai y el instructor
Kreese ponen el contrapunto cabroncete. Si a esto le sumamos una historia de
amor con Elisabeth Shue como dulce adolescente en la piel de Ali, un buen
puñado de frases míticas y momentos antológicos, y una historia en la que ya se
sabe de antemano que van a ganar los buenos - aderezada por una música superochentera de la muerte con el mítico "You´re the best" (Joe Esposito) como oda hacia la victoria final - , obtendremos la explicación de que haya
permanecido incólume en el imaginario colectivo.
“Meados y mierda por todas partes. Es lo que se ve si se
echa un buen vistazo”
Berlín occidental, finales de los setenta. Cristina, una
niña de trece años, quiere conocer la discoteca Sound. A través de su amiga
Kessi logra acceder al local y conoce a su futuro novio, Detlev y al grupo de
sus amigos. Cristina empieza a experimentar con las drogas; pero lo que empezó
como un juego termina por convertirse en una pesadilla de la que no podrán
escapar.
Basado en un libro fruto de la investigación de dos periodistas
sobre un caso en el que se juzgó a un hombre que suministraba heroína a menores
a cambio de favores sexuales, “Yo, Cristina F.”, es una muestra cruda y
realista del submundo de la drogadicción. Christiane Felscherinow fue una de
las víctimas y en base a sus testimonios fue escrito el libro. Este hecho y el
que ella misma trabajara como asesora en la película homónima es quizás determinante para ese
realismo que desborda las imágenes. Así, a través de una sucia fotografía
acorde con la sordidez de los ambientes en que se desenvuelven los
protagonistas, se nos narra el progresivo deterioro y descenso a los infiernos de
un grupo de adolescentes cuyas primeras juergas y escarceos con drogas blandas
dan paso a la heroína y de ahí a toda clase de actos degradantes en pos de la
codiciada sustancia. En aras de este realismo,
Udi Edel, quien logra con su debut la que es considerada como su mejor
película, no duda en rodearse de un elenco de actores desconocidos. Destaca en
este aspecto el papel protagonista de Natja Brunckhorst. Y es que la niña que
encarna a la verdadera Christiane ofrece una interpretación en la que demuestra
una madurez excepcional para encarnar a un personaje que se sumerge en una
profundidad abisal afrontando un puñado de situaciones repugnantes - como la
del intento de desengancharse en la habitación o la que nos muestran las
perversiones sexuales de alguno de sus clientes -con una naturalidad espeluznante.
“Yo, Cristina F.”, sin duda, es una película en la que prima
la ambientación. Así, pese a no destacar por su empleo de los recursos cinematográficos,
la puesta en escena define a la perfección la decrepitud de la historia que
quiere reflejar. El color grisáceo de la fotografía, el maquillaje de los
actores, la ubicación de los personajes en escenarios cerrados – el metro,
habitaciones lúgubres, baños de suciedad palpable - que aumentan la sensación
claustrofóbica, la tenue iluminación o el empleo de varias canciones de David
Bowie – de quien Christiane era seguidora - logran transmitir una atmósfera
netamente degenerada. Destaca también en este aspecto el paralelismo establecido
entre las películas de terror proyectadas en el Sound y el mundo de la drogadicción;
paralelismo que queda patente con las imágenes de cientos de jóvenes paseando
como “zombies” por el metro berlinés. A estos aspectos hay que sumarle la
existencia de alguna escena sobrecogedora; como la ya citada imagen del intento
de desengancharse en compañía de su novio en la que ambos terminan cubiertos
por sus vómitos sanguinolentos o aquella en la que un drogadicto le roba a
Cristina la jeringuilla para acto seguido pincharse en el cuello. Quizás la
parte más floja corresponde a la relación de Cristina con su madre. Una
relación apenas existente y que no es creíble por la excesiva indiferencia con
que se desarrolla – me resulta muy difícil de creer por la ausencia de tensión
entre ambas; tensión siquiera mínimamente necesaria dada la gravedad de los
actos de Cristina-
Dijo Lenin : “Libertad para qué”. La frase que para los
acérrimos enemigos del comunismo fue interpretada como toda una declaración de
intenciones que definía a la perfección un sistema totalitario, puede bien
constituir el intento de cribar una idea
tan genérica como es la de la libertad. Así , la libertad considerada de tal
modo da a entender ser clara y unívoca cuando en realidad no lo es. ¿Libertad
para qué? ¿Para hacer lo que uno quiera? Sí, pero esta concepción supondría el
choque de nuestra libertad frente a otras libertades; ¿libertad para matar? O
es quizás, como el caso que nos ocupa, libertad para drogarse. Una libertad que
deja de ser tal cuando el mono domina por completo la voluntad del consumidor y
éste se ve obligado a cometer todo tipo de actos que lo subyugan a la
sustancia. De este modo, lo que comienza siendo un acto de libertad puede
convertirse en una soga cuando la experimentación da lugar a la adicción y esta
al latrocinio y a la prostitución para poder consumir. Cristina F. no es sino
el arquetipo de esta máxima.
Una terrorífica comedia en un barrio residencial que podría
ser el tuyo (si tuvieses pasta , vivieras en EEUU y fueses capaz de soportar a
Corey Feldman como vecino)
La Tierra gira parsimoniosa mientras , como por arte de magia , nos introducimos en su atmósfera para sobrevolar el continente americano y aproximarnos a … lo que parece un típico barrio residencial estadounidense.
¿He dicho típico? Pero , ¿entonces que diablos pinta esa casa medio destartalada escupiendo fuego por las rendijas de su sótano? ¿Por qué bajo esa aparente tranquilidad de una cálida noche de verano parece esconderse algún oscuro secreto? ¿Tendrá algo que ver la atmósfera gótica que imprimen esos acordes de órgano decimonónico? ¿Quién es ese tipo, y por qué, cuando pone un pie en la hojarasca seca que cubre la entrada de esa maldita casa, se levanta un viento que parece salido del infierno?
Con este comienzo Dante parece dar a entender que el espectador forma parte de la trama ; quizás como observador imparcial de la misma , o puede que como un visitante extraterrestre que aterriza por casualidad en un barrio cualquiera de los Estados Unidos . Sea como fuere , señoras y señores , niños y niñas , tengo el honor de darles la bienvenida a la fantástica comunidad de MAYFIELD. Una aparente idílica vecindad poblada por vecinos singulares.
Ray Peterson (Tom Hanks) se ha tomado una semana de vacaciones y está decidido , desoyendo la propuesta de su mujer (Carrey Fisher) de pasarlas con ella y su hijo en una cabaña del lago, a hacer lo que más le entusiasma ; nada. Y para Ray no hacer nada significa quedarse en casa y cotillear la vida de sus vecinos. No hay cosa más emocionante para él que ver como Queenie , el perro de Walter Seznick, se caga en el cesped del señor Rumsfield (Bruce Dern) , un ex combatiente del vietnam y , ante todo , patriota. Pero esas pequeñas emociones diarias se verán exponencialmente dilatadas cuando comience a interesarse por los Klopek ,unos vecinos que llevan un mes en el vecindario y de los que nadie sabe casi nada, excepto que ; como le informa su amigo y gorrón vecino , Art , su anterior casa fue pasto de las llamas, o que , según dice su hijo, son tres, ya que los observó cavando en la parte posterior de la misteriosa casa, y , sobre todo , lo que más inquieta a Ray son los extraños ruidos que salen de casa de los Klopek cada noche. Pero la alarma terminará por saltar cuando Walter desaparece en misteriosas circunstancias y los vecinos decidan investigar su desaparición con firmes sospechas de que los Klopek son responsables del embrollo.
De esta forma tan poco usual desarrolla la historia Joe Dante, quien dirige una deliciosa comedia por la que siento predilección. Dante sigue la estela de "Gremlins" y "El chip prodigioso" en cuanto que construye una comedia puramente desenfadada más allá de toda pretensión que la pura diversión, en la que la fantasía y la ciencia ficción son sustituidas por una temática realista - en la historia no aparecen ni bichos que se multiplican con el agua o naves miniaturizadas introducidas en el cuerpo de un humano - situada en un barrio residencial de una ciudad cualquiera de los Estados Unidos. Pero lo que puede parecer una película del estilo "Esta casa es una ruina" o "Un, dos, tres, Splash" - ambas comedias ligeras y protagonizadas por Tom Hanks - de la mano de Dante torna en una comedia negra con multitud de referencias y homenajes cinematográficos a la que imprime una atmósfera oscura como en pocas se ha visto y en la que la desenfadada actuación de los actores - perfectos en su papel de neuróticos y abiertamente contrapuestos unos de otros - crea un clima de paranoia que facilita la sucesión de situaciones a cada cual más disparatada.
Para acometer la empresa, Dante se rodea de un elenco de actores fetiche; así tenemos a Bruce Dern, Rick Ducommun, Corey Feldman, Henry Gibson, Wendy Schaal representando papeles principales y el cameo de Dick Miller y Robert Picardo encarnando a dos basureros - nótese de nuevo el afán de Dante por las referencias cinematográficas, en este caso a sus propias películas, ya que todos ellos repiten (aunque sea de manera anecdótica) en alguna película de Joe Dante - También cuenta con la presencia de la familia formada por Carrie Fisher , Tom Hanks - éste último en un papel de protagonista nada destacado en cuanto a notoriedad por las continuas interacciones con el resto del elenco - y su hijo Dave (Cory Danzinger). Todos ellos son ubicados en el microcosmos de Mayfield , un set, en realidad, que curiosamente ya se había utilizado para rodar la película "Dos sabuesos despistados", en la que Hanks también tenía un papel protagonista.
La banda sonora creada por el archiconocido Jerry Goldsmith - habitual colaborador de Dante - adquiere una relevancia especial ; no sólo se adapta a todas las situaciones - empleando recursos musicales muy variados según se trate de una situación u otra y ofreciendo un gran contraste entre los momentos más alegres y festivos o los más tétricos y misteriosos- sino que define el espíritu de cada personaje a la perfección; destacando sobremanera las composiciones de órgano que dan ese punto gótico (sobre aspectos más concretos de la música me referiré a continuación, al comentar mis escenas favoritas). En cuanto a la iluminación decir que gran parte de la acción se desarrolla de noche, lo que potencia el aspecto lúgubre de la película. Destacan momentos como el de la sombra de D. Klopek y la secuencia en la que se emplean velas para alumbrar la casa.
Hay una serie de escenas que permanecen grabadas a fuego en mi cinéfila memoria. Son las siguientes.
El inicio
Observamos el típico globo terráqueo de la Universal y , lejos de dar paso a otra imagen, la cámara nos introduce en su atmósfera para que - mediante un travelling de proporciones astronómicas - posemos la mirada sobre el barrio de Mayfield. Ray sale de su casa en dirección a la de los Klopek al escuchar unos extraños ruidos en plena noche ; el viento infernal que se levanta y la gótica música de Goldsmith nos advierte que algo no anda bien en esa casa.
La presentación de los personajes
Acto seguido irrumpe el día y todos los personajes principales (excepto los Klopek, que se harán más de rogar) son presentados a golpe de cámara ; en esto ayuda mucho la música de Goldsmith, que parece hablar y describirnos su personalidad.
Primer encuentro
La escena en que los vecinos ven por primera vez a un Klopek da lugar a un descarado homenaje a Sergio Leone. Art y Ray tratan de entablar contacto mientras una secuencia de sendos prímerísimos primeros planos de los ojos de los vecinos es acompañada por "My fault"; canción compuesta por Ennio Morricone para la película "Mi nombre es ninguno" de Tonino Valerii
Una historia terrorífica
Art narra una historia espeluznante sobre un heladero y su picador de hielo y Ray recibe un susto de muerte. Una vez más destacar el empleo de la música para potenciar el efecto sobrenatural y misterioso.
La bolsa misteriosa
En medio de una noche tormentosa, Hans Klopek sale del garaje con una bolsa de basura la cual , una vez depositada en el contenedor, es apaleada sin piedad ante la atónita mirada de Ray, Art y Rumsfield
Satán es bueno y la pesadilla
Después de que Art le llene la cabeza con todo tipo de conspiraciones satánicas y vea unas nada recomendables películas de terror antes de acostarse, Ray sufre una antológica pesadilla en la que se mezclan asesinos múltiples y sacrificios humanos (las referencias de las películas que aparecen en esta secuencia las podéis leer en un enlace que pegué al final del artículo).
. El fémur
El hallazgo de un fémur por el perro de Ray da lugar a una de las escenas más delirantes.
La visita inesperada
Hartos de especulaciones los matrimonios Peterson y Rumsfield van a presentarse a los Klopek. La acritud del señor Rumsfield, la poca hospitalidad de Reuben, la sardina de Ray y la desfachatez de Art harán las delicias del espectador.
Discurso
Antes del giro final (que no desvelaré) y después de la calamitosa intromisión en la casa de los Klopek, un Ray, completamente enajenado, ofrece un discurso sobre la intromisión en la vida de los demás y de cómo las personas supuestamente normales pueden convertirse en verdaderos lunáticos metomentodo.
"No matarás al vecino" es una película absolutamente infravalorada que si bien no es genial amerita un puñado de momentos inmejorables, y que, sin lugar a dudas, es muy superior a muchas de las comedias comerciales de la actualidad. Pocas aúnan con tanto acierto la incursión en el terreno fantástico de manera tan poco explícita y la (aunque sea sólo de pasada) crítica al modo de vida de las áreas residenciales estadounidenses (aunque podría extrapolarse a la vecindad ). Recomiendo darle una oportunidad aunque sólo sea por ver algo diferente y por disfrutar de los últimos coletazos de genialidad de Joe Dante, quien , desgraciadamente , a partir de este punto nunca alcanzaría la calidad de sus trabajos ochenteros y cuya estela, pese a películas como "Gremlins 2" o "Matinee", se iría inexorablemente apagando.
Port (John Malkovich) y su mujer Kit (Debra Winger) viajan desde Nueva York al norte de África con objeto de salvar un matrimonio en crisis. Acompañados del adinerado George Tunner (Campbell Scott) emprenderán un trayecto que traerá consecuencias inesperadas a sus vidas.
En ocasiones pienso que las personas que leéis este blog podéis llevaros una impresión equivocada- y no es que me importe, en absoluto, pero la explicación viene al caso - respecto a mis gustos cinematográficos. Digo esto porque al corresponder la mayoría de los comentarios que hago a películas norteamericanas del estilo de "Rocky III" o "Cobra" y que encima son alabadas, pues es muy posible que penséis que el que escribe sólo ha visto cine de ese palo. Nada más lejos de la realidad, de hecho, soy un amante del cine clásico; tanto que me nutro prácticamente de él. Pero claro, esto es "Cine de los ochenta" y esas películas hay que comentarlas. Y con esto no quiero justificarme, es más, las películas comerciales de los años ochenta realmente me gustan. Dependiendo del momento puedo pasarlo en grande con "Karate Kid" , "Jóvenes Ocultos" o "Regreso al futuro" como también paladear clásicos de Murnau, Eisenstein, Chaplin , Huston o Dreyer. No lo veo incompatible. Encuentro muy satisfactorio el cine ochentero descarado y sin complejos que además no oculta que su principal objetivo es entretener sin más, es decir, sin trampa ni cartón. Cine que no se toma a sí mismo muy en serio y con el que disfruto como un enano haciendo lo propio; es decir, no tomándolo muy en serio - y eso sin perjucio de que, como no me cansaré de repetir, en los ochenta hay auténticas obras maestras-. Pero claro, hay ciertas personas, autodenominados muchas veces como intelectuales, que encaramados en la supuesta superioridad de su torre de marfil no dan una oportunidad a este tipo de películas, porque dicen estár dirigidas a la masa, cuando no a idiotas descerebrados. Y es que hay personas que alaban ciegamente el cine clásico como si constituyese un bloque homogéneo de virtud artística sin fisura ;aún cuando la realidad es que también hay bodrios como la copa de un pino o películas que bajo el epíteto de "cine intelectual" esconden ideas más ñoñas e infantiles que el cine comercial que tanto critican.
Y este rollo macabeo viene a colación de que, a mi juicio, "El cielo protector" entra dentro de este último tipo de películas. Se me ocurren tres palabras que dan una idea de por donde van los tiros (y las tres con p de puñetera) : petulante, pretenciosa y pseudointelectual. Y me importa un pepino agrio el hecho de que por ser una adaptación de una novela de Paul Bowles se justifiquen sus flaquezas con el típico: "es mejor el libro"; como dando a entender que la película queda desmerecida por la grandeza del texto impreso. ¿Y a mí qué? Yo lo que vi y de lo que hablo es de la película. Así que si no lograste captar la profundidad del libro en tu adaptación cinematográfica (de la que el propio Bowles reniega, por cierto) pues te jodes, Bertolucci. No haberla adaptado.
Dicho esto, también es verdad, y sería muy injusto si no lo hiciera, hay que reconocer grandes virtudes a "El cielo protector". La ambientación es fantástica y capta muy bien tanto la belleza de los parajes como las condiciones miserables en ciertas zonas del desierto de Sahara. La fotografía alcanza cotas preciosistas sobre todo , otra vez, en los parajes desérticos. Las actuaciones no me han cautivado, diría que los actores cumplen con su papel victimista en medio del bodrio, pero tampoco los mandaría al paredón. Y en cuanto a la dirección de Bertolucci, no voy a ser yo quien le reste méritos. ¿Entonces cual es el gran problema que encuentro en "El cielo protector"?
No creáis que es casualidad. Se pasa la película con esa cara de bohemio llorica.
Pues el mayor problema, amigos, es que la historia que cuenta me parece tan sumamente chorras y pijotera, tan penosa y ridícula, que con ese tono trágico y supermegatrascendete que le da Bertolucci me entran unas ganas locas de afilar el machete. Y es que encima uno trata de no ser bestia y se pone a buscar opiniones y críticas por la web (por eso de ver otros puntos de vista y tal y cual) y lee cosas como que los personajes van en busca de un viaje interior ... o que tienen miedo de la soledad ... o que mira los pobrecitos cómo sufren por su existencia ... y entonces el menda deja la piedra de afilar y directamente se pone a dar machetazos a diestro y siniestro. Porque lo que servidor ve son tres gilipollas integrales que se pasan toda la puta película soltando frasecitas sacadas de novelas baratas y haciéndolas pasar por grandes sentencias filosóficas. Porque estamos ni más ni menos que ante tres energúmenos de una clase acomodada que en 1947 (sí , dos años después de la II Guerra Mundial) tienen los santos cojones de ir de víctimas cuando un poco más al norte, en Europa, los muertos se cuentan por millones. ¿Queréis sentir dolor? Pues nada a primera línea de fuego en el desembarco de Normandía. ¿Queréis experimentar miedo? Pues venga, tres meses a Treblinka, ¡so desgraciaos! Y lo más patético es que Bertolucci utiliza sus recursos para, lejos de criticar su egoísmo autista e individualista, que empaticemos con ellos. Así, todo se muestra muy melodramático y con música muy emotiva para que compadezcamos a estos imbéciles adinerados que no dejan de quejarse mientras se emborrachan y echan polvos con tó lo que se menea. Y no penséis que es un decir. Al poco de empezar la película, Port, tanto que quería arreglar su matrimonio , se va de putas; pero es que al rato, su mujer y el que los acompaña se la pegan a Port, y no creáis que la cosa queda así; cuando éste último muere (cosa que , por cierto, no deje de desear que sucediera, porque se pasa media película muriéndose) acto seguido Kit se larga con unos tuaregs porque uno le pone ojos golosos y claro, también se lo cepilla; pero es que antes de eso, también el matrimonio tiene que copular en mitad del desierto. Pobrecitos los burgueses, que lastimica me dan y que problemas más gordotes.
"El cielo protector" debería haber caído en manos de la Cannon. Así la historia se hubiese reducido a la llegada de un helicóptero Apache del que, mediante una doble pirueta, desciende Chuck Norris y, antes de tocar el suelo, decapita a estos tres subnormales de una patada giratoria. Al menos, el regocijo del personal estaría asegurado, regalándonos de paso, otra escena mítica del género de la comedia involuntaria.
Texas. Ray (Jonh Gerzt) contrata los servicios de un
detective privado ( M.Emmet Walsh) para que investigue la posible infidelidad
de su mujer Abby (Frances McDormand) con su empleado Marty (Dan Hehaya). Una
vez confirmada la sospecha vuelve a contactar otra vez con el detective con el
objetivo de asesinarlos. Pero lo que parece un asunto sencillo torna en un
puzzle de intrigas, conspiraciones, desconfianzas y muerte del que ninguno saldrá bien parado.
Da igual si eres el Papa de Roma, el presidente de los
Estados Unidos o el Hombre del año, lo mínimo puede hacer que todo vaya mal.(Prólogo de “Sangre fácil”)
Bajo esta premisa han desarrollado su cine los hermanos
Coen. Ya se trate de secuestradores aficionados o de un marido codicioso en
Fargo, de un pasota cuarentón apodado “El nota” o de un pueblerino perseguido
por la mismísima encarnación de la
muerte en un país donde no hay sitio para viejos, si una cosa nos queda clara
en el cine de los Coen, es que la desgracia es inmisericorde y aplasta con su
peso. La desgracia será la más fiel acompañante de muchos de los personajes que
pululan por películas como “Fargo” y “No es país para viejos”- como referentes
más cercanos al caso que nos ocupa - o “Arizona Baby” y “El gran Lebowski” como
paradigmas en una vertiente cómica. Todos ellos comparten ese calamitoso tránsito en ocasiones debido al puro azar y en otras a la propia incompetencia
de los personajes; aunque posiblemente sea más bien causado por una mezcla de ambos.
Los protagonistas de “Sangre fácil” no escapan a este planteamiento.
Sus vidas serán truncadas por acontecimientos que escapan a su control y
entendimiento y serán dirigidos por un titiritero que bien podría
llamarse azar pero que de la mano de los Coen pasa a ser Destino. En “Sangre
fácil” sólo el espectador sabe lo que sucede realmente. Ray no sólo es engañado
por su mujer y su empleado, sino por el propio detective que contrata para
liquidarlos. Marty y Abby se acusan recíprocamente de haber asesinado a Ray, y
ésta sólo al final descubrirá lo que ha sido de su marido. Tanta paranoia es realzada por unos recursos fílmicos en
ocasiones muy acertados como en el caso de la fusión de las escenas del
ventilador o la imagen final de la gota de agua como símbolo de la muerte
inminente, pero que dejan regusto amargo por el empleo, a mi juicio desafortunado,
de algunas elipsis que embarran la narración en ciertas partes. También los ambientes electrónicos que
conforman la banda sonora firmada por Carter Burwell contribuyen a formar esa atmósfera malsana que se transmite en cada fotograma en el que parece respirarse, además, el hedor a sangre, sudor y suciedad emanante de las paredes y de los cuerpos. Aquí
podría estar el mayor acierto de “Sangre fácil” ;en lograr una atmósfera
desquiciada -sólo interrumpida en algunos momentos por unos toques de humor
negro y varios latigazos de violencia
salvaje, cruda y directa (destacando en este aspecto la escena del enterramiento y la del brutal apuñalamiento de la mano de Visser) - y esa estética visual para nada desnaturalizada.
En cuanto a los personajes, la novedad que respecto
a otras de sus películas es que aquí no se salva nadie, presentando a las
cuatro piedras angulares que componen la historia como profundamente degradadas.
Esto queda claro muy pronto con respecto al despechado Ray y al detective Loren
Visser. Ambos carentes de principios o
escrúpulos para conseguir sus objetivos, y así queda patente en el diálogo que
mantienen en el coche, en el cual no quedan reflejadas sólo sus motivaciones,
sino la de toda una sociedad; la del capitalismo salvaje. Pero tampoco los que
podrían parecer los “buenos de la película”, esto es, Abby y Marty, escapan de
esa naturaleza tan marcadamente corrupta. Marty toca fondo en la memorable
escena donde entierra vivo a Ray. En un ejercicio de absurda lógica macabra
prefiere enterrarlo vivo al darle reparo matarlo de un palazo; aunque peor es
que ni siquiera lo hace por él, sino por evitar que inculpen a su amada, ya que el
amor es lo que le motiva a cometer el más atroz de los asesinatos. Abby, que
puede parecer la más salvable, no nos muestra su naturaleza tanto por sus acciones,
sino como por sus omisiones; la degradación de su persona cristaliza en lo que insinúa o no hace, sobre todo en cuanto a su relación con Ray, al que se le puede anticipar un futuro solitario no muy lejano. Sólo Meurice (Sam Art Williams) da un punto de integridad, aunque su presencia sea tan sólo anecdótica.
Corría el año 1984 cuando se estrenó "Sangre fácil", un estreno dirigido por dos hermanos que no sólo imprimieron personalidad propia a una ópera prima de exiguo presupuesto y dieron un toque moderno al cine negro, sino que con el transcurso de los años siguieron firmando obras de cuño propio sin perder su carácter independiente. De ahí es nada.